HISTORIA DEL POBLAMIENTO BUREBANO
El poblamiento de la Bureba se distinguió por abundantes y exiguos núcleos muy próximos entre si, carentes de condiciones defensivas y por una larga ocupación y utilización del suelo (hoy dedicada al cereal) que muestra el carácter evolucionado de su paisaje agrícola, donde el barbecho prácticamente ha desaparecido. Estos aspectos generales no se han producido con igual fuerza en toda la región. En esta comarca, al oeste y en las Lomas, existen núcleos de mayor tamaño, y que están separados unos de otros por distancias mayores (Altable, Carrias, Castil de Carrias, ... )
El poblamiento que nace con la reconquista es el que conforma el hábitat regional. La invasión musulmana no provocó un vacío en el poblamiento anterior pero sí un descenso del contingente humano, hasta que el movimiento repoblador procedente del norte descendió en busca de las tierras burebanas para cultivos desde los valles del Ebro ‑Losa, Valdivielso, etc‑ y las altas tierras de los Obarenes y del macizo Masa‑Sedano. En la Crónica de Alfonso III realizada en la segunda mitad del siglo IX se narró la actividad expansiva de Alfonso I en el año 757 por tierras de Álava, la Bureba y la Rioja.
Durante el siglo IX, apenas cien años después del inicio de la Reconquista, la repoblación estaba ya en marcha en la Bureba, donde existían núcleos habitados. De mediados de este siglo son dos noticias, una referida a una donación de tierras y viñas en Briviesca y en Prádanos, y otra que significaba el avance de la repoblación desde los Montes Obarenes sobre nuestra región.
Anteriormente en el año 759 había tenido lugar la fundación del Monasterio de San Miguel de Pedroso por la abadesa Nunna Bella, que bien podía considerarse como el primer conato repoblador de Castilla. Fue muy favorecido en el siglo X por Fernán González y quedó anexionado a San Millán de la Cogolla en 1049.
En noviembre del año 816 el Conde Gundesindo otorga una escritura de donación al Monasterio de San Vicente, cerca de Villacarriedo; en la citada carta aparecen nombres muy relacionados con Briviesca, tales como Pladano (Prádanos)
En el año 869 se alude a un monasterio de San Juan con posesiones en Briviesca. Todo el sector se hallaba dentro de una relativa seguridad y gozaba de tranquilidad y protección para permitir estos asentamientos. No obstante, a pesar de la recuperación de territorios por la monarquía asturiana las razzias fueron frecuentes e intermitentes durante la mitad del siglo VIII y buena parte del siglo IX. La fundación de Burgos por el Conde Diego Porcelos en el año 884 hace pensar que los lugares que quedaban por detrás, entre ellos la Bureba, gozarían de una cierta seguridad, pero que no llegaría definitivamente hasta el siglo XI, en el que Alfonso VIII trajo hasta estas tierras paz, estabilidad y progreso.
Luciano Serrano señala la ausencia de un dominio musulmán continuado en la región. Pérez de Urbel destaca esta circunstancia al referirse a la línea toponímica de los "Castil", como la de las defensas más avanzadas del siglo IX.
Estos hechos confirman la hipótesis sobre la continuidad del poblamiento burebano. Desde mediados del siglo VIII hasta el siglo XI, a cuyos finales podemos fijar la terminación del periodo repoblador con el último impulso que le confiere la dirección de los grandes monasterios.
Los artífices del poblamiento desde los comienzos de la Reconquista fueron los campesinos, pequeños nobles y eclesiásticos. Estos tres elementos aparecen entremezclados y aglutinados en los pueblos, cuyo centro fundacional era la iglesia o parroquia. Numerosas iglesias fueron germen de diversos barrios, cada uno de los cuales aparecen identificados por un templo que era su elemento personalizador, siendo una fórmula para la puesta en cultivo de tierras. Por tanto, cada uno de estos barrios formaba un núcleo de población. Son numerosos los casos que queda constancia de esta constitución en "Barrios", estos núcleos que en principio nacían separados, pero con el paso del tiempo llegaron a unirse en uno solo. Recordemos los dos barrios de Monasterio de Rodilla, Río‑Quintanilla, o los siete barrios de Briviesca tal y como se denominaba a esta localidad en el poema de Rodrigo y el Rey Don Fernando. Esta misma realidad queda reflejada en la toponimia burebana, como sucede con el pueblo de Los Barrios de Bureba.
El clero y los nobles actuaron como fundadores de estas iglesias y a través de ellas como propulsores de la repoblación. La iglesia, fuente también de ingresos, siempre que tuviera población en torno, se constituía en instrumento eficaz que catalizaba el asentamiento de los campesinos que bajaban en busca de tierras. Cada fundación eclesial y cada monasterio ‑al menos en los primeros siglos‑ llevaron consigo una porción de tierras y de solares alrededor, que fue la base de un poblamiento.
La iglesia parecía imponer una comunidad y ésta se reforzaba en forma de tipo concejil y en una organización del terreno que se estructuraba sobre tres elementos: las tierras de pan, el viñedo y las "herrenes" o "ferragines" que aparecían unidas a superficies edificables.
Entre los siglos XI y XII los grandes monasterios y el obispado burgalés sustituyendo a los pequeños monasterios y abadías, algunas de ellas de titularidad particular, se hacen dueños de la mayor parte de estos pueblos y de sus tierras bien por donación o por compra. Buscando la productividad de sus posesiones procuraron mantener la población e incluso la aumentaron atrayendo a sus heredades otras gentes, pobladores.
Aunque las parroquias de cada lugar contaron con posesiones así como los pequeños monasterios (Santa María de Aguilar, Castil de Lences y Rojas) será el monasterio de Oña el protagonista de esta nueva etapa del movimiento de ocupación del suelo. Su señorío espiritual y temporal se extendía a cientos de iglesias y monasterios, que dependían de la poderosa abadía. Don Luciano Serrano señala que el monasterio cobraba rentas, por diversos conceptos, a finales del siglo XIV, en 53 pueblos de la merindad de la Bureba. En muchos de estos núcleos San Salvador poseía además jurisdicción civil. A las donaciones regias que configuraron el patrimonio de este cenobio en sus inicios se deben añadir las particulares (heredades, solares, viñas, casas, etc.) que tuvieron lugar en los siglos inmediatos. Así en 1523 continuaba siendo el más rico propietario de la Bureba. Poseía 179 pueblos de los cuales 57 eran de la comarca, con 4500 fanegas de extensión.
La abadía de San Millán de la Cogolla, que no pertenecía a la diócesis de Burgos, pero situada a pocos kilómetros por la parte oriental, poseía también muchas posesiones y monasterios por tierras de Belorado, Oca, la Bureba y en otras partes de la diócesis burgalesa. Contó este cenobio con la mano protectora de los reyes navarros recibiendo en la primera mitad del siglo XI la mayor parte de lo que van a ser sus posesiones por estas tierras. Este monasterio emilianense fue uno de los grandes propietarios de la Bureba. Entre los dominios encontrados en esta comarca podemos enumerar los siguientes: San Clemente de Briviesca, San Tirso de Briviesca, San Martín Sagiense, Santa María Rivarredonda, Vallarta, dos barrios uno en Valluércanes y otro en Altable, y Grisaleña. Con el devenir del tiempo fue perdiendo propiedades y señoríos, estas posesiones cambiaron de manos, como sucedió con Grisaleña, que siglos después aparece bajo el dominio de los Condestables.
Otro gran poseedor del suelo, aunque en menor proporción en La Bureba, es el monasterio cisterciense de las Huelgas de Burgos. Dos son las razones que explican su menor presencia en estas tierras: su mayor lejanía y su tardía fundación. El 1 de junio de 1187 Alfonso VIII dona el Monasterio de las Huelgas a la abadesa doña Misol y le dota, entre numerosas posesiones, las propiedades que tuvo el Monasterio de Oña en San Felices y con heredades de Monasterio de Rodilla y Briviesca. Tuvo también posesiones en Pecesorios, un despoblado próximo a Quintanilla de San García, en la misma Briviesca, donde poseía desde 1219 la granja de Valderrueda y en Vileña, el monasterio y sus bienes, que fundara doña Urraca López de Haro en 1202. Esta mujer dotó al cenobio con bienes propios en La Bureba -Quintana de Aguilar, Santa María de Rivarredonda, Quintanilla de San García, Quintanilla de Abajas, etc.-, donde su familia, ya desde antes, los tenía en abundancia. Este monasterio de Vileña, en el siglo XVI detentaba el dominio de numerosas tierras de labor -en la Bureba poseía unas 3200 fanegas de sembradura-. Solamente el monasterio oniense le hacía sombra.
También el obispado burgalés disfrutaba de un elevado número de posesiones en esta comarca, son en total 59 iglesias y algunas ermitas, distribuidas en cuatro arciprestazgos y una abadía.
Por último señalar que el campesinado de la Bureba vivió cultivando una tierra que por lo general no era suya, o lo era en una mínima parte. Pero a partir del siglo XVI procuró cultivar sólo las propias, pero sin dejar de controlar la mayor parte del suelo, que siguió bajo el control de unos cuantos grandes propietarios eclesiásticos y seglares (Los Velasco y Los Rojas).
Hacia el año 1600 se produjo una profunda crisis demográfica que fue general a toda Castilla. Debió presentarse o al menos hacerse notar con motivo de la peste de 1599 y se prolongó durante bastantes años, reduciendo de un modo considerable los efectivos humanos. Se dejó sentir en todas las poblaciones pero fue esencial en cuanto a la desaparición de los escasos habitantes que quedaban en algunos lugares. Se consolidó el fenómeno despoblador que había comenzado durante los siglos XIV y XV.
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